Con la llegada del Día Internacional del Libro quiero dejar una idea muy clara: comprar un libro no es un gasto, es una inversión.
Una inversión en imaginación, aprendizaje, valores y tiempo compartido entre madres, padres, hijos e hijas. No hay mejor herencia que transmitir el amor por la lectura, porque los libros acompañan, inspiran y ayudan a crecer.

Regalar un libro, leer en voz alta, preguntar qué ha parecido una historia o escuchar las opiniones de los más pequeños son gestos sencillos que tienen un gran valor educativo. A través de ellos, no solo fomentamos la lectura, sino que también sembramos pensamiento crítico y construimos vínculos familiares que permanecen en la memoria.
El Día Internacional del Libro es una invitación a llenar nuestras casas de palabras, de relatos y de sueños. Apostar por la lectura es apostar por el futuro de nuestros hijos e hijas.
