A menudo pensamos que consumir productos con la etiqueta ecológico es siempre la mejor opción para la alimentación de nuestros hijos e hijas en los comedores escolares. Sin embargo, surge una pregunta importante: ¿qué sucede cuando esos alimentos provienen de lugares lejanos como Brasil o Italia?

La reflexión es clara: lo realmente ecológico no depende únicamente de una certificación, sino de una práctica responsable que tenga en cuenta el origen de los alimentos. Consumir productos de proximidad aporta beneficios fundamentales:
- Favorece la economía local.
- Reduce la huella de carbono.
- Asegura alimentos más frescos y saludables.
No se trata únicamente de cumplir normas en el papel, sino de apostar por un cambio real en la alimentación escolar, un cambio que eduque en sostenibilidad y que muestre al alumnado la importancia de cuidar el entorno a través de lo que comemos.
Apoyar el consumo de productos de kilómetro cero es, en definitiva, una forma de enseñar a niños y niñas que cada decisión cuenta y que la alimentación puede ser también una herramienta de transformación social y medioambiental.
