Nos tenemos que preguntar: ¿por qué hemos suprimido la palabra no?
Algo no encaja en nuestra sociedad cuando, en muchas ocasiones, preferimos decir siempre sí y evitamos a toda costa que los hijos e hijas experimenten la frustración que puede acompañar a una negativa. Al hacerlo, olvidamos que los límites forman parte del aprendizaje y que decir no también educa.

El no ayuda a comprender que no todo es posible de inmediato, que la paciencia, el esfuerzo y el respeto son valores necesarios para convivir y crecer. Proteger a los niños y niñas de cualquier frustración inmediata puede parecer un gesto de amor, pero a la larga puede dificultar que aprendan a manejar la vida con madurez y resiliencia.
El futuro nos recordará la importancia de recuperar esa palabra. Decir no no significa rechazar ni desvalorizar, sino acompañar y guiar. Es una forma de enseñar a los hijos e hijas a entender los límites, a valorar lo que tienen y a crecer con responsabilidad.
